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Rehabilitación de fachadas de la Escuela Teresiana Ganduxer

Contar con la participación de Carlos Álvarez en el proceso de análisis y rehabilitación del conjunto de fachadas del Colegio Teresianas supuso un aval de rigor técnico, sensibilidad patrimonial y solvencia estructural. El encargo, promovido por el despacho de arquitectura Pich-Aguilera, tenía como objetivo principal diagnosticar el estado de las fachadas y, especialmente, de los pináculos diseñados por Antoni Gaudí, pieza clave del conjunto.

Carlos Álvarez, con una extensa trayectoria en la rehabilitación de edificios históricos y emblemáticos —tanto civiles como institucionales—, elaboró una memoria técnica de patologías y un diagnóstico estructural detallado. Su análisis permitió identificar de forma clara el estado crítico de uno de los pináculos del sector sureste, alertando sobre el riesgo evidente de desprendimiento y proponiendo una intervención urgente.

Este estudio formó parte de un plan integral de conservación, diseñado con criterios de sostenibilidad estructural, respeto histórico y durabilidad patrimonial. Si bien la pandemia de 2019 y los retrasos administrativos y presupuestarios obligaron a modular el alcance inicial del proyecto, se ejecutaron las fases más sensibles con la garantía técnica de la empresa Construcciones Técnicas Albatros, como fue el tratamiento de las numerosas grietas existentes en las fachadas del volumen principal y, posteriormente, intervenciones de consolidación de la estructura de los pináculos de las esquinas del edificio.

La intervención culminó con la restauración de los elementos más delicados del conjunto y el refuerzo de la estructura interna afectada. La documentación técnica elaborada por Carlos Álvarez se mantiene como una herramienta de referencia para futuras actuaciones, especialmente en lo que respecta a los elementos originales de Gaudí, cuya carga simbólica y complejidad formal exigen una aproximación precisa y respetuosa.

Una obra transformada por Gaudí
El origen del edificio se remonta a 1888, cuando San Enrique de Ossó, fundador de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, proyectó un convento-colegio en Sant Gervasi de Cassoles. El diseño inicial fue encargado al arquitecto Joan Baptista Pons i Trabal. Sin embargo, poco después, Enrique de Ossó decidió encomendar la dirección del proyecto a Antoni Gaudí, arquitecto con quien compartía una profunda afinidad espiritual y cultural.

Gaudí no solo asumió la continuación de las obras, sino que imprimió al conjunto una impronta única, transformando radicalmente su concepción arquitectónica: renunció a elementos decorativos superfluos y optó por una estética austera, ascética y profundamente simbólica. Así, los pináculos de coronación, los arcos parabólicos, las formas geométricas puras y el juego de luces se convirtieron en elementos distintivos de este colegio singular, que sintetiza espiritualidad y modernidad constructiva.